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  • Writer's pictureAndrés Navarro

La araña-buda

Hay una pequeña araña viviendo en mi ventana. No es una araña especialmente bonita, pero para mí es única porque eligió mi ventana de entre todas las ventanas del mundo. Apareció sin más una mañana y ya lleva conmigo casi cuatro meses.


A veces me detengo y la observo mientras trabaja, tejiendo telarañas y atrapando insectos. El mundo está completamente loco: pandemias, crisis políticas y golpes de estado; pero ella está completamente despreocupada, viviendo su vida. Tiene todo mi respeto.


Lamentablemente, mi ventana no le da la mejor de las protecciones. Cuando llueve, lo que últimamente es bastante común, las gotas golpean la telaraña como cañonazos; rompiéndolo todo a su paso. La primera vez que ocurrió pensé que la había perdido para siempre.


Pero mi amiga araña mantuvo la calma. En lugar de entrar en pánico, se retiró a la esquina más resguardada de la ventana. Una vez que la lluvia amainó y la ventana se secó un poco, salió de su escondite y construyó una nueva red. Una hora más tarde estaba de nuevo cazando moscas y mosquitos.


Este interesante ciclo se ha repetido ya varias veces. Y continuará hasta que mi alegre vecina sea arrastrada por una lluvia torrencial o decida irse a ver mundo. Pero, mientras tanto, admiro su firmeza; su determinación de seguir adelante pese a las dificultades. La primera noble verdad del budismo reza: "La vida es sufrimiento", y mi araña lo sabe mejor que nadie.


Por supuesto, eso no le impide continuar con su trabajo. Sabe que vendrá más lluvia, pero sigue tejiendo su telaraña. Sabe que el fruto de su trabajo será destruido, pero lo disfruta mientras puede. Y cuando la vida le arrebata de un plumazo todo por lo que ha trabajado, la araña se retira, se recupera y vuelve al trabajo.


Construimos cosas. Se rompen. Las construimos de nuevo. Así es la vida.


Si queremos sobrevivir; tenemos que vivir como arañas. Tenemos que aceptar la impermanencia de todo lo que nos rodea. Tenemos que aceptar la inutilidad de nuestras acciones y aún así, hacerlas. Tenemos que responder a los aspectos destructivos de la vida creando algo nuevo una y otra vez.


Nuestros cuerpos nos fallarán, nuestras relaciones terminarán y llegará el día en que todo por lo que hemos trabajado será arrastrado por un aguacero de lluvia kármica. Pero todo eso que amamos es perfecto a su manera; hermoso; único. Y vale la pena disfrutarlo, incluso si no podemos disfrutarlo para siempre.


Entonces, cuando la vida nos lo arrebate, podemos permitirnos llorar; dejarnos llevar por nuestras emociones. Como una araña, podemos retiramos a nuestro rincón del mundo por un tiempo y recomponernos, pero no debemos quedarnos allí. Finalmente, tenemos que recuperarnos y volver al trabajo. Porque tenemos trabajo que hacer.

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